Cuidarse es también tener tiempo para no hacer nada

Cuidarse es también tener tiempo para no hacer nada. Esta es una de las frases que recoge el último artículo publicado en el Diario Público en el que participo de forma directa en una entrevista.

Y es que, cuidarse es tener tiempo personal, tiempo para estar con la familia y amigos. Es importante trabajar y ganarse la vida, pero no lo podemos llevar al exceso. El exceso de productividad puede matar al ser humano.

Aquí reproduzco el artículo y entrevista completos publicados el pasado 4 de junio en el Diario Público:

 

La psiquiatra Marina Díaz Marsá:

«La productividad mata al ser humano»

«Cuidarse es tener tiempo personal, cuidarse es tener tiempo para estar con la familia y cuidarse es tener tiempo para no hacer nada», asegura la jefa de Sección de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos.

 

Marina Díaz Marsá en una imagen durante el XX Congreso de Lundbeck, realizado en Sitges.
Marina Díaz Marsá en una imagen durante el XX Congreso de Lundbeck, realizado en Sitges.  Foto cedida por la organización

Marina Díaz Marsá es presidenta de la Sociedad de Psiquiatría de Madrid y jefa de Sección de Psiquiatría del Hospital Clínico San Carlos. Durante el XX Congreso organizado por Lundbeck en Sitges, que giraba en torno a la depresión, Díaz atiende a Público para hablar de la situación de la juventud española.

Ha dicho durante el Congreso una frase: los adolescentes están muy solos.

Lo he visto, sí. Yo me dedico mucho a trastornos de la conducta alimentaria, personas con adición a videojuegos, con depresión…, fundamentalmente gente joven. Y cuando te pones a pensar en cómo es la vida familiar ves que la conciliación de los padres no es real, de forma que los chicos pasan mucho tiempo solos.

Los padres están sobrecargados y no pueden dedicarles suficiente atención. A lo mejor tienen todas las comodidades, pero no tienen tiempo para dedicar a los hijos. Todo eso ayuda a que las personas adolescentes se sientan más solas y de alguna manera eso puede predisponer a diferentes trastornos mentales.

Durante la pandemia se han disparado los trastornos mentales entre la juventud. ¿Hasta qué punto ha sido la pandemia y no el mundo que hemos creado?

Bueno, pues probablemente sea un poco de todo, lo que pasa que con la pandemia se perdió el contacto con los iguales: el hablar con tus amigos, el contactar con los que son de tu misma edad, hace que de alguna manera puedas disipar todo ese malestar. Durante la pandemia eso se ha limitado mucho y quizá la pandemia ha sido el detonante de una situación que estaba debajo y que finalmente se ha expresado en esa situación tremenda.

El ensayo ‘Sedados’ apunta a la idea de que algo va mal cuando «estar bien» es sinónimo de estar listo para trabajar y ser productivo.

Eso es totalmente real. La productividad mata al ser humano, porque la productividad puede ser infinita. Para que el ser humano persista, y persista bien, se tiene que cuidar. Cuidarse es tener tiempo personal, cuidarse es tener tiempo para estar con la familia y cuidarse es tener tiempo para no hacer nada y eso ahora parece que no se entiende.

Debajo de muchos trastornos de conducta alimentaria y trastornos de personalidad está el exceso de expectativas acerca de la productividad de los jóvenes. Eso les ahoga y les bloquea y prefieren no ser nada a no poder ser todo. Eso lo estamos viendo mucho en nuestras unidades, cómo el miedo a no llegar a ser lo que la sociedad se supone que te pide, porque te pide mucho, al final hace que se bloqueen y persistan unas conductas aberrantes.

Nosotros trabajamos mucho el tema del «ser». «Ser» no es producir, «ser» es sentir. «Ser» es tener vínculos con las personas, «ser» es disfrutar. Yo les digo mucho a mis pacientes «piensa que tienes 83 años. Cuando mires para atrás, ¿qué quieres ver de tu vida?». Probablemente lo que quieras ver son momentos con personas y momentos de disfrute. Nos tenemos que ganar la vida y hay que trabajar, pero no lo podemos llevar a al exceso. El exceso de productividad puede matar al ser humano.

Apuntaba que las mujeres, biológicamente hablando y también influenciada por los factores ambientales, es más propensa que el hombre a la depresión. ¿Cómo se combate eso?

Teniendo en cuenta toda esta avalancha de problemas de salud mental, hablo mucho del tema de la conciliación. Hay que tener una conciliación real y esa conciliación real va a ir bien para la crianza de la familia, pero va a ir bien para para que los padres puedan hacer otras cosas que no sea trabajar.

Nosotros, de hecho, damos orientaciones en ese sentido, además del tratamiento farmacológico, parte de la psicoterapia es entender que tenemos unas necesidades más allá de la productividad y eso va a redundar tanto en las mujeres como en los hombres como en la familia.

Es decir, que muchos de los problemas que trata, nota que surgen de una falta de conciliación.

Sí, porque al final el estrés mantenido en el tiempo produce depresión y estamos en una sociedad que produce mucha demanda. A veces la situación laboral es precaria y entonces tienes que trabajar más. Todos somos más ambiciosos y todos queremos más, no nos conformamos con poco y toleramos mal la frustración… Esa vida de mucha demanda, mantenida en el tiempo, produce depresión. Tendríamos que aprender más a «ser» en lugar de «tener».

Hace una reflexión bonita: saber que la mujer es más propensa a una depresión sirve para quitar la culpa por padecerla.

Conocer la neurobiología y saber que las mujeres tenemos más riesgo de tener depresión sirve para estar atentas e identificar síntomas para pedir ayuda y para quitar culpa. La depresión no es como un brazo roto, es invisible, no es algo que se pueda palmar. Entender que es una enfermedad te quita culpa y hace entender al entorno que te puede estar pasando algo.

 

 

 

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